Texto sobre el arte como expresión individual. Lo individual en el arte

Elena Goñi (Pamplona, 1968) creció posando para su madre, Elena Goicoechea, que era pintora, y para su tío, Miguel Goicoechea, que  para ello estar inmensa en el mundo del arte era la cosa más natural del mundo. Era lógico que tomase desde niña los pinceles y se formaba en la Escuela de Artes y Oficios y en Bellas Artes de la Universidad de Salamanca. 

Su primera exposición individual fue en 1997 y para el 2000 ya había ganado el Premio de Pintura ABC. Desde entonces han sido muchas las exposiciones en Museos , Centros de arte y Galerías del país.  

Empezó usando la pintura casi como un diario, y su obra sigue siendo una especie de autobiografía. Para ella, un buen retrato es "el que te hace reconocerte, como ser humano, en esa persona que has pintado". Y en alguna entrevista ha añadido, "pintar a otro es en el fondo retratarme a mí misma porque se transmite algo que solo puedes hacer tú. Cada uno ponemos de nuestra parte, y nuestra visión". 



En este sentido, Goñi, es muy parecida a la artista británica, Tracey Amin, una artista que nos ha relatado su vida y sus experiencias personales a través de sus obras. No cabe duda de que el arte es una herramienta de expresión individual y / o  colectiva.  

En la obra de Goñi, al igual que en la de Amin, encontramos la tendencia del arte a ser un vehículo de expresión individual, por lo que podemos encontrar en la obra de Goñi, escenas que podríamos calificar de banales, pero, en su caso, éstas constituyen el soporte temático necesario para un diálogo con la realidad que establece en términos de serena contemplación. Una actitud que le lleva a crear una obra que busca en lo esencial la exacta formulación de un lenguaje pictórico básico, delicado al tiempo que sensual. Los campos de color (casi planos, levemente modulados) con los que resuelve bastan para sugerir una realidad que en sus lienzos se hace trascendental. Pero igualmente en su obra encontramos silencio. Todo, en sus pinturas tiende a ser muda, acaba ahí, en esa superficie, como si fuera la conclusión de un argumento —el argumento de la pintura, su desenlace—; en las otras, en las silenciosas, todo parece estar empezando, incesantemente. 



En sus imágenes representa personajes en distintas situaciones siempre relacionados con su entorno familiar, las figuras sugieren o insinúan algo que el espectador debe imaginar. En su serie Madres, retrató numerosas madres, explorando el concepto de maternidad. Y pintó a la suya propia en numerosas ocasiones durante los 20 años que ésta padeció de alzheimer hasta una semana antes de su muerte en 2013. También significativos fueron los retratos que hizo a los reyes Felipe y Letizia para el Gobierno de Navarra. Los pintó totalmente de costado, con un perfil hierático, sin joyas ni condecoraciones, reflejando no solo a las personas, sino también a la Monarquía. 

Dotada de una gran sensibilidad y creadora de una factura muy delicada, Elena Goñi presenta cuadros entre los que aparecen paisajes y personas ligadas a su biografía. Entre la intuición y el recuerdo, todas sus imágenes están pintadas desde la calma y la serenidad mediante una forma técnica muy depurada que también demuestra la extrema calidad sensible de la artista. Ella misma declara que su universo está formado por “vivencias y situaciones personales” y reconoce pintar “sin una intención concreta para reflejar una idea”; simplemente trata de pintar los acontecimientos que le suceden a ella.

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